Tras la odisea del cruce niños migrantes enfrentan futuro incierto

Posted July 21, 2014 /

Se deben ajustar

Milagros Meléndez-Vela | 7/4/2014, 2:09 p.m.
Tras la odisea del cruce niños migrantes  enfrentan futuro incierto

FAMILIA. Brandon al lado de su madre Trinididad Ramírez, su papá Julio Terriquez, y sus hermanitos Chally y Aury, el 2 de julio, en VA. | MILAGROS MELÉNDEZ-VELA

Washington DC.- La sonrisa de Brandon Terriquez, de 14 años, desaparece de su rostro cuando recuerda la travesía desde Guatemala para cruzar la frontera de Estados Unidos de manera ilegal. “Nunca me imaginé que fuera de esa manera”, expresó el adolescente quien se reencontró en mayo con sus padres en Springfield, Virginia, después de años de separación.

Brandon emprendió su viaje el 6 de abril desde la aldea Sahila en el departamento de Izabal, guiado por unos coyotes que contrataron sus padres.

“Mi hijo me suplicaba todo el tiempo que lo mandara a traer. Sabiendo yo misma de todos los peligros para cruzar (porque yo lo hice y quedé traumada) no quería que él pase por lo mismo y me negaba a hacerlo”, expresó su madre Trinidad Ramírez. “Pero había que tomar una decisión”, añadió.

Los abuelos de Brandon, quienes habían criado al niño desde los 7 años, están en una edad avanzada. El abuelo tiene 81 años y la abuela tiene 73. Además, la violencia y las drogas se estaban apoderando del barrio, contó Brandon. “Me estaban presionando y yo tenía miedo”, dijo.

“Con gran temor y confiando en Dios decidimos traerlo”, afirmó la mamá.

Tras siete años sin ver a su hijo y con dos niños pequeños nacidos en Estados Unidos, Ramírez le había dicho a su esposo, Julio César Torriquez que de no llegar Brandon, ella estaba decidida a regresar a Guatemala.

Para Brandon el viaje fue un trauma. Lloró muchas veces por el dolor emocional de separarse de sus abuelos, pero también por el dolor físico y el temor de lo que le pudiera suceder. “De Guatemala a México caminé muchísimo. Tenía ampollas en carne viva y no podía más”, recordó con la cabeza gacha.

Con lágrimas recorriéndole el rostro, su madre añadió: “Brandon pasó hambre, días sin dormir y al ver que no iba a resistir para cruzar el desierto, los coyotes le dijeron que mejor lo entregarían a él y otros menores a Inmigración”.

“Nos dijeron que nos tiráramos al río para cruzar y que nos dejáramos arrastrar. Inmigración no creía que tenía 14 años”, dijo Brandon.

Por fin lo llevaron a un centro de menores, en donde permaneció varios días hasta que las autoridades ubicaron a sus padres. “Cuando me enteré que mi hijo había sido detenido me desesperé. Fueron días de total angustia, pero al comunicarme con él, me dijo que estaba bien”, expresó Ramírez.

Por ley, los niños de los países que no tienen frontera con Estados Unidos no pueden ser deportados de inmediato, sino que pasan al cuidado del Departamento de Salud.

Después de verificar que los padres no tenían un historial de abuso, las autoridades entregaron a Brandon a su familia. “Nosotros pagamos el vuelo de Texas hacia Virginia y mi hijo llegó el 11 de mayo. Fue mi mejor regalo del Día de la Madre”, manifestó Ramírez. Tras la odisea del cruce los retos continúan. Brandon se enfrenta a un caso de inmigración. Aún no tiene una fecha para la corte y el Gobierno está tratando de acelerar los procesos para que se regresen a los menores. Desde octubre se han detenido a 53.000 niños en su intento de cruzar la frontera sur de EE.UU.

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