Remembering Monsignor Óscar Arnulfo Romero

Posted February 4, 2015 /

CASA aplaude la decisión del Papa Francisco de reconocer como mártir a Monseñor Romero, quien fungió como la voz de muchos inocentes.

Pese a las constantes amenazas que Monseñor Romero recibió nunca dejo de ser la voz en contra de las injusticias que se cometían en contra de la gente de El Salvador e incluso pidió al Presidente de los Estados Unidos de aquel entonces Ronald Reagan que dejara de proveer armas y dinero al ejército de El Salvador. En Marzo de 1980, Monseñor Romero ofreció un sermón en el que les pedía a los soldados que obedecieran a Dios, dejando de servir al gobierno que oprimía y violaba los derechos humanos de su gente, sin embargo fue asesinado un día después mientras celebraba una misa.

Nuestros miembros provienen de decenas de regiones que han sido desestabilizadas por la guerra y por explotación de corporativos internacionales. Es por esta razón, que hoy celebramos junto a nuestros líderes Salvadoreños, comunidad salvadoreña, defensores de los derechos humanos, y con todos aquellos que han dado su vida como Monseñor Romero por un mundo mejor.

Lindolfo Carballo
Director de CASA de Virginia

 

CASA celebrates the decision by Pope Francis to recognize as a martyr the Salvadoran voice of the voiceless, Monsignor Romero.

Monsignor Romero, spoke against injustice committed against the people of Èl Salvador and challenged US President Ronald Reagan to stop supplying guns and money to the army of Èl Salvador that daily slaughtered its people, Ignoring constant threats to his life, Monsignor Oscar Arnulfo Romero was assassinated in March of 1980, while offering mass. He was murdered the day after he offered a sermon in which he called on Salvadoran soldiers to obey God’s higher order by ceasing to serve a government that repressed it people and violated human rights

As an organization built from the veins of repression and struggle, whose many members come from scores of regions destabilized by war and international corporate profiteering, we celebrate today with our many Salvadoran leaders and members, the broader Salvadoran community, and fighters for human rights and justice everywhere, too many of whom die, like Monsignor Romero, for a better world.

Lindolfo Carballo
Director of CASA de Virginia